10 cuotas de sin interés

Publicación finalizada

MercadoLíder

¡Uno de los mejores del sitio!

+1000

Ventas

Buena atención

Entrega a tiempo

Características del producto

Características principales

Subtítulo del libro
No
Serie
No
Autor
María Urruzola.
Idioma
Español
Editorial del libro
Planeta
Tapa del libro
Blanda
Volumen del libro
1
Con índice
Año de publicación
2017

Peso y dimensiones

Altura
23 cm
Ancho
15 cm

Otros

Cantidad de páginas
286
Material de la tapa del libro
Blanda
Con páginas para colorear
No
Con realidad aumentada
No
Traductores
No
Género del libro
Biografía, memoria y autobiografía
Subgéneros del libro
Política
Tipo de narración
Politica
Versión del libro
Fisico
Tamaño del libro
Grande
Colección del libro
No
Edad mínima recomendada
1 años
Escrito en imprenta mayúscula
No
Cantidad de libros por set
1

Descripción

Producto usado
Puede tener marcas estéticas, daños funcionales y no incluir accesorios originales. Verifica los detalles con el vendedor.

Eleuterio Fernández Huidobro, sin remordimientos… traza el recorrido de una de las figuras de la izquierda uruguaya más relevantes de los últimos 50 años. María Urruzola afirma en este libro que: "Muchos Ñatos murieron el 5 de agosto de 2016 en el cuerpo de EFH. Tantos y tan contradictorios que este libro no puede otra cosa que ser un caleidoscopio del hombre que en sus últimos años protagonizó un inexplicable giro político. Con él, murió un hombre que dedicó los últimos cinco años de su vida a alejarse definitivamente de sus compañeros políticos y acercarse ostentosamente a quienes habían sido sus enemigos y sus verdugos. Murió uno de los fundadores del MLNTupamaros, reconocido por sus pares como "la pluma" que dio forma a los principales documentos políticos de la organización, que tomó las armas para organizar una guerrilla urbana en la década de 1960. Murió el principal defensor de lo militar y de los militares dentro de la izquierda, y uno de los escasos parlamentarios, especializado en el tema de la defensa. "Triste, solitario y final" es un título que parecería calzar como un guante para el último año de vida de Fernández Huidobro, en el que casi inválido, alcohólico y de alguna manera enojado con la vida se instaló a vivir en el ministerio de Defensa como un general en su cuartel, pero ese título trasmite algo de pena, de conmiseración, que Huidobro no merece, ni siquiera muerto. Porque entre otras cosas él no tuvo conmiseración por nadie.